Las salas de bingo españolas están sufriendo las consecuencias de la crisis, la competencia de los bingos online y, sobre todo, la presión fiscal. Los propietarios de los bingos pagan unas tasas entre el 18% y el 25%. La mayoría de las salas destinan un 60% de sus ingresos a premios, por lo que el margen de beneficios es limitado de por sí. Si al el estrecho margen de beneficio hay que sumarle el descenso jugadores y los altos impuestos el resultado es que muchas de las medianas empresas no pueden afrontar los gastos y terminarán cerrando.
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